Bostezar es uno de los comportamientos más contagiosos que existen: ver a alguien bostezar, leer sobre ello o incluso pensarlo puede dispararlo. Pero durante siglos nadie supo realmente para qué servía.
La teoría del oxígeno no se sostiene
La teoría clásica decía que bostezamos para oxigenar el cerebro cuando el nivel de CO₂ en sangre sube. Suena lógico, pero los experimentos no la sostienen: respirar aire con más CO₂ o más oxígeno no cambia la frecuencia con que bostezamos.
El cerebro que se calienta
La hipótesis más aceptada hoy es que el bostezo regula la temperatura del cerebro. Cuando bostezamos, estiramos la mandíbula y aumentamos el flujo sanguíneo en la cabeza, lo que actúa como un mecanismo de refrigeración. Los estudios muestran que bostezamos más cuando el ambiente está fresco que cuando hace calor, justo al revés de lo esperado si fuera por oxígeno.
El contagio y la empatía
El contagio del bostezo parece estar relacionado con la empatía. Los chimpancés y los perros también lo contagian entre ellos, y los niños con autismo lo hacen con menos frecuencia que el resto. Bostezar en compañía podría ser una forma primitiva de sincronizar los estados mentales del grupo.
En Tipea puedes practicar mecanografía con textos reales sobre ciencia, psicología e historia. Más interesante que las frases de siempre.
