Tipea← Blog
Historia7 min de lectura

La historia accidentada de la máquina de escribir: de invento olvidado a símbolo de una era

En 1575, el impresor italiano Francesco Rampazetto construyó una máquina que podía imprimir letras en papel. La llamó la scrittura tattile — escritura táctil. Nadie le prestó demasiada atención, y el invento cayó en el olvido durante casi trescientos años.

Entre 1575 y 1868, al menos cincuenta y dos inventores en distintos países construyeron y patentaron mecanismos similares para imprimir o escribir caracteres en papel. La mayoría corrió la misma suerte que Rampazetto: el invento funcionaba pero no encontraba su lugar en el mundo.

La primera máquina de escribir que llegó al mercado de forma comercialmente viable no era la mejor. Ni siquiera era la más rápida. Pero tenía algo que las demás no tenían: la fuerza de distribución de una de las empresas industriales más poderosas de la época.

Sholes, Glidden y la escopeta

Christopher Latham Sholes era periodista y político en Milwaukee, Wisconsin. En 1868, junto a Carlos Glidden y Samuel Soulé, patentó una "máquina de escribir y numerar" que podía imprimir texto a una velocidad razonable. El prototipo era tosco y poco fiable, pero la idea era sólida.

El problema era la producción. Sholes no tenía ni los recursos ni la infraestructura para fabricar su invento a escala. Lo que tenía era una conexión con E. Remington and Sons, el fabricante de armas de fuego de Ilion, Nueva York.

Remington había construido su fortuna con los fusiles de la Guerra Civil. Terminada la guerra, buscaba diversificar. Las máquinas de escribir le parecieron una oportunidad. En 1873, firmaron el acuerdo: Remington fabricaría y comercializaría el invento de Sholes bajo el nombre de Remington No. 1.

El primer modelo llegó al mercado en 1874. Solo podía escribir en mayúsculas. Costaba 125 dólares — el equivalente a varios miles de euros actuales. Las ventas fueron decepcionantes.

El problema del QWERTY

Sholes había probado varios layouts de teclado durante el desarrollo de su máquina. El problema técnico era real: cuando dos teclas adyacentes se pulsaban seguidas con demasiada rapidez, los brazos metálicos que llevaban la letra al papel se atascan entre sí.

El layout que finalmente adoptó, y que conocemos como QWERTY, fue diseñado en parte para separar las combinaciones de letras más frecuentes en inglés y reducir los atascos mecánicos. La leyenda popular dice que fue diseñado específicamente para ralentizar a los mecanógrafos — eso es falso. El objetivo era el inverso: reducir los atascos que ralentizaban la máquina.

Lo que es cierto es que QWERTY no es óptimo para la velocidad de escritura humana. Las letras más frecuentes del inglés no están todas en la home row, y el teclado exige más movimiento del necesario. Pero para 1878, cuando Remington lanzó el modelo No. 2 ya con letras minúsculas, QWERTY estaba demasiado extendido para cambiarlo.

Mark Twain y la máquina de escribir

En 1874, Mark Twain compró uno de los primeros Remington No. 1 disponibles al público. Era un entusiasta de los gadgets y la tecnología — en otra época probablemente habría sido uno de los primeros en hacer cola para un iPhone.

La experiencia con la máquina fue agridulce. Twain aprendió a escribir con ella, pero nunca desarrolló fluidez real. La encontraba frustrante. Sin embargo, en 1875 entregó a su editor el manuscrito de Las aventuras de Tom Sawyer mecanografiado — el primero en la historia de la literatura entregado así.

Años más tarde, Twain renegó públicamente de la máquina de escribir, negando incluso haberla usado. Algunos biógrafos especulan que le avergonzaba haber contribuido, sin quererlo, a promover una tecnología que eventualmente desplazaría a muchos escribientes y copistas de su trabajo.

Las mujeres y la máquina de escribir

El cambio social más significativo que trajo la máquina de escribir no fue técnico — fue laboral. Antes de su aparición, las oficinas eran territorios casi exclusivamente masculinos. La correspondencia comercial la redactaban y copiaban hombres.

La mecanografía abrió una grieta. Las empresas necesitaban "mecanógrafas" — el término mismo surgió en esa época — y encontraron que las mujeres podían hacer el trabajo igual de bien, a menudo mejor, y por salarios más bajos. Para finales del siglo XIX, la mecanografía se había convertido en una de las pocas profesiones de oficina accesibles para mujeres.

Fue una apertura ambivalente: las integraba al mundo laboral pero en roles subordinados y mal remunerados. Aun así, para muchas mujeres representó una vía de independencia económica que antes no existía.

El último taller

En 2011, la última fábrica de máquinas de escribir del mundo — Godrej and Boyce, en Mumbai, India — cerró su línea de producción. Quedaban en almacén 200 unidades sin vender.

La noticia recorrió el mundo con un tono de obituario. Pero la máquina de escribir no ha desaparecido del todo. Coleccionistas, escritores y artistas la mantienen viva. Tom Hanks tiene una colección de cientos de unidades y escribió un libro de relatos sobre ellas. Algunos autores, entre ellos Cormac McCarthy, usaron máquinas de escribir mecánicas hasta bien entrado el siglo XXI.

El teclado de ordenador que usas ahora mismo es, en esencia, una iteración del invento de Sholes. Las teclas están en el mismo orden. La lógica de la home row es la misma. El QWERTY que diseñó para evitar que se atascaran los brazos metálicos de un artefacto victoriano sigue siendo el estándar global ciento cincuenta años después.


La historia del teclado no ha terminado. En Tipea puedes practicar mecanografía con textos reales sobre historia, ciencia y cultura. El mismo gesto que hacía Twain, a la velocidad del siglo XXI.

¿Quieres escribir más rápido?

Practica con textos reales en Tipea. Gratis.

Empezar a tipear →